La búsqueda de soluciones más ecológicas y sostenibles ha llevado a los investigadores a recurrir a materiales que antes se consideraban residuos. Una iniciativa innovadora en Argentina está cambiando la forma en que vemos las cáscaras de arroz y su potencial en la fabricación de ladrillos cerámicos.

Una visión sustentable

El propósito esencial detrás de esta investigación es empoderar a las ladrilleras locales.

Se busca dotarlas de la capacidad de incorporar este innovador método en su producción diaria, permitiendo la reutilización de un desecho que se genera en enormes cantidades.

Descubriendo el potencial de la cáscara

Investigadores del Chaco, específicamente del Instituto de Investigaciones en Procesos Tecnológicos Avanzados (INIPTA), están centrando sus esfuerzos en explorar las bondades de la cáscara de arroz.

“Nuestra misión es refinar el proceso de producción actual de los ladrilleros tradicionales. Queremos que este nuevo método no solo sea factible de implementar, sino que también potencie las características del material”, afirma el doctor Fernando Booth, líder de este proyecto revolucionario.

Este esfuerzo tiene dos ventajas principales: por un lado, la ceniza resultante de la cáscara de arroz es rica en sílice, potenciando la resistencia de los ladrillos. Y por otro, proporciona una solución sostenible a un residuo que, a menudo, es desechado sin un propósito claro.

Panorama del arroz en Argentina

Argentina se ha posicionado como un importante productor de arroz, principalmente en provincias como Corrientes, Entre Ríos y Chaco.

El aumento de la producción ha sido notable, creciendo más del 120% en la última década. Aunque el consumo interno ha subido, gran parte de la producción se exporta a países como Brasil, España y Cuba.

El proceso detrás de la innovación

Inspirado en la tesis de Belén Carranza, el equipo investigador observó que al quemar la cáscara en condiciones controladas, se obtiene una ceniza con propiedades únicas.

“El procesamiento adecuado nos permite obtener materiales con características específicas, ya sea para obras civiles o como aislantes térmicos”, explica Booth.

La técnica es semejante a la fabricación de ladrillos tradicionales, pero con la incorporación de la ceniza de cáscara de arroz, sumándola a la mezcla tradicional. Este proceso permite lograr un ladrillo con la porosidad adecuada, esencial para su eficacia en construcción.

La ciencia al servicio del progreso

Los investigadores, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, se encuentran en fases de pruebas y ajustes.

“La colaboración entre la academia y las ladrilleras es esencial para refinar este proceso”, destaca Booth. Y concluye: “Esperamos que este proyecto impulse el desarrollo local y, en el futuro, pueda aplicarse a la construcción de viviendas a gran escala”.

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