La ciencia de revivir especies y moléculas antiguas está capturando la atención de investigadores alrededor del globo.

Lejos de la ficción de “Jurassic Park” y sus dinosaurios genéticamente alterados, algunos científicos aspiran a deshacer la extinción, trayendo de vuelta a la vida especies vegetales y animales desaparecidas.

Algunos científicos se enfocan en descubrir antiguos compuestos para desarrollar medicamentos, mientras que otros alertan sobre el riesgo de patógenos antiguos. Este ámbito de estudio también busca reconstruir aspectos del pasado humano para entender mejor la existencia y el ocaso de nuestros ancestros.

Aquí presentamos cuatro proyectos de investigación sobresalientes en este campo novedoso que tuvieron un desarrollo importante en 2023.

Reanimación de virus ancestrales

El calentamiento global y el deshielo del permafrost ártico podrían liberar virus ancestrales, inactivos durante milenios, representando un riesgo para la salud humana y animal.

Jean-Michel Claverie, profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad Aix-Marseille en Francia, se dedica a evaluar los peligros de estos “virus zombis”, reactivando virus de muestras de suelo siberiano.

En 2014, Claverie resucitó un virus extraído del permafrost, haciéndolo infeccioso después de 30.000 años al introducirlo en células de cultivo. En su más reciente estudio, publicado en febrero, él y su equipo identificaron varias cepas de virus antiguos, pertenecientes a cinco nuevas familias virales, extraídas de distintas muestras de suelo. Por razones de seguridad, eligió investigar un virus que solo afecta a amebas y no a seres humanos o animales.

La cepa más antigua, de casi 48.500 años según datación por radiocarbono, provino de una muestra de un lago subterráneo. Las muestras más recientes, de 27.000 años, se encontraron en restos de un mamut lanudo.

Claverie advierte que la capacidad de estos virus de amebas de permanecer infecciosos indica un potencial riesgo significativo para la salud pública.

“Estos virus de amebas son un modelo para todos los demás virus potenciales en el permafrost”, explicó Claverie. “Si estos virus aún están vivos, no hay razón para creer que otros virus no puedan estarlo y ser capaces de infectar a sus respectivos huéspedes”.

Explorando la Edad de Hielo en busca de nuevos antibióticos

César de la Fuente, un pionero en bioingeniería y profesor en la Universidad de Pensilvania, ve en el pasado un campo lleno de posibilidades para combatir las superbacterias resistentes a los medicamentos actuales.

Las moléculas antiguas, incluidas las de parientes humanos extintos como los neandertales, pueden ofrecer esperanzas en la lucha contra las superbacterias.

La capacidad de extraer ADN antiguo de restos fósiles ha facilitado la creación de extensas bases de datos genéticas sobre especies humanas y animales extintos, accesibles al público.

En la Universidad de Pensilvania, un equipo especializado en biología sintética aplica técnicas avanzadas de inteligencia artificial para analizar esta información genética y descubrir péptidos y proteínas pequeñas con potencial antibacteriano. Este grupo ha encontrado compuestos prometedores en el ADN de neandertales y de criaturas de la Edad de Hielo, como el mamut lanudo y el perezoso gigante.

“Este enfoque nos ha llevado a hallar secuencias y tipos de moléculas inéditas en seres vivos actuales, lo que expande nuestra visión de la diversidad molecular”, explicó de la Fuente. “Estas moléculas son nuevas para las bacterias contemporáneas, lo que podría ofrecernos una ventaja para combatir los patógenos actuales”.

Los antibióticos, tradicionalmente derivados de bacterias y hongos, se han identificado investigando microorganismos del suelo. Sin embargo, el abuso y la sobreexposición a estos medicamentos han provocado que muchos patógenos desarrollen resistencia.

A pesar de ser un enfoque no convencional, la búsqueda de nuevos candidatos antibióticos es urgente, especialmente frente a los casi 5 millones de fallecimientos anuales relacionados con la resistencia a los antimicrobianos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Revitalización de Especies Extintas: El Dodo, el Mamut Lanudo y el Tigre de Tasmania

El ritmo de extinciones está acelerándose como nunca antes. Para algunos científicos, una estrategia para contrarrestar esta tendencia podría ser intentar resucitar especies perdidas.

Colossal Biosciences, una empresa de biotecnología y genética, anunció su intención de resucitar al dodo, un ave no voladora extinta de Mauricio, y reintroducirla en su entorno natural.

Este emprendimiento también está explorando proyectos para revivir al mamut lanudo y al tilacino, utilizando tecnologías de punta en secuenciación de ADN antiguo, edición genética y biología sintética.

Científicos de Colossal Biosciences han identificado células precursoras sexuales en la paloma de Nicobar, pariente vivo más cercano del dodo, que pueden desarrollarse en embriones de pollo. Actualmente, investigan si estas células germinales primordiales pueden transformarse en gametos.

El plan incluye comparar los genomas del dodo y del solitario de Rodrigues para identificar diferencias genéticas. Luego, se modificarán genéticamente las células de la paloma de Nicobar para expresar características del dodo.

Estas células modificadas se implantarán en embriones de aves de corral estériles, lo que, en teoría, permitiría que su descendencia exhiba rasgos del dodo, gracias al ADN hibridado en su sistema reproductivo.

“Visualmente, el dodo reconstituido será idéntico al que figura en los registros históricos”, expresó Matt James, jefe de zoología en Colossal, a través de un correo electrónico en noviembre.

Aun así, si los expertos logran este ambicioso proyecto, el resultado no será una réplica exacta del dodo que habitó hace cuatro siglos, sino una versión híbrida modificada.

Colossal Biosciences colabora con la Mauritian Wildlife Foundation en un estudio preliminar para identificar el entorno más adecuado para estas aves, suponiendo que el proyecto tenga éxito. No obstante, encontrar un entorno apropiado podría presentar dificultades.

Mauricio, una isla de dimensiones modestas, ha experimentado transformaciones significativas desde la desaparición del dodo.

“Aunque el dodo es uno de los pájaros más emblemáticos del mundo, nuestro conocimiento sobre él es escaso, y desconocemos cómo se relacionaba con su hábitat”, señala Julian Hume, paleontólogo especializado en aves y colaborador del Museo de Historia Natural de Londres, quien ha investigado extensivamente esta especie.

“Recrear una especie a partir de su ADN es un proceso complejo que, en el mejor de los casos, podría resultar en un animal similar al dodo. Serían necesarios años de cría selectiva para transformar una paloma pequeña en un ave grande no voladora. Recordemos que la naturaleza invirtió millones de años en desarrollar al dodo”, agregó.

El Aroma de las Antiguas Momias Egipcias

Los visitantes del Museo Moesgaard en Dinamarca tienen la oportunidad de percibir el fragante aroma de un bálsamo de momificación egipcio, empleado por última vez hace unos 3.500 años.

Esta fragancia se reconstruyó analizando los componentes encontrados en dos jarrones canopos hallados en el Valle de los Reyes en Egipto en 1900. Estos recipientes contenían los restos de Senetnay, una noble egipcia.

La composición exacta de las sustancias usadas en la momificación ha sido motivo de debate, ya que los textos antiguos egipcios no especifican los ingredientes detalladamente.

La investigación, liderada por Barbara Huber, doctoranda en Química Arqueológica en el Instituto Max Planck de Geoantropología en Alemania, determinó la composición del bálsamo utilizando técnicas analíticas avanzadas.

Se encontró que los bálsamos contenían cera de abeja, aceites vegetales, grasas animales, resinas y betún, un hidrocarburo natural. También se identificaron componentes como la cumarina, con un olor similar al de la vainilla y presente en ciertas plantas y canelas, y el ácido benzoico, hallado en resinas de diversos árboles y arbustos.

Los análisis mostraron ligeras variaciones entre los bálsamos de los dos jarrones, sugiriendo que los ingredientes podían variar dependiendo del órgano a preservar.

En el recipiente destinado a los pulmones de Senetnay, se hallaron resinas aromáticas de alerce y sustancias similares a la resina dammar, de árboles del sur de Asia y la India, o resina de Pistacia, de la familia del anacardo.

“El uso de ingredientes tan variados y exóticos, incluyendo el dammar y la resina de Pistacia, refleja el uso de materiales extraordinariamente raros y valiosos en el proceso de momificación”, expresó Huber tras la publicación del estudio en agosto. “Esto sugiere que Senetnay ocupaba una posición de gran prestigio en su comunidad”.

Para recrear el aroma, se contó con la colaboración de la perfumista francesa Carole Calvez y la experta en museología sensorial Sofia Collette Ehrich.

“La primera vez que experimenté el aroma, fue un momento profundamente emotivo y casi surrealista”, comentó Huber.

“Haber dedicado tanto tiempo al estudio y análisis y poder finalmente establecer esta conexión olfativa directa con la antigüedad fue emocionante. Fue como si tuviéramos en nuestras manos un débil reflejo de la historia”.

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