Una colección de magníficas creaciones del arquitecto italiano Francisco Salamone, esparcidas por diversas localidades en la década de 1930, están atrayendo cada vez más el interés de los turistas.

Al reflexionar sobre ello, las construcciones de Salamone evocan cierta semejanza con los grandiosos escenarios de Hollywood, similares a los usados por los hermanos Taviani en su famosa película “Good Morning Babilonia”. Caracterizadas por sus grandes dimensiones, trazos rectos, audacias en el diseño y un aire de modernidad retro, estos edificios parecen aguardar a que un director los elija para protagonizar el escenario de una gran película, situada en la reciente historia de la vasta llanura pampeana.

La magia en blanco y negro resalta aún más estas estructuras, cuyas formas y volúmenes, aunque parezcan extremos, se suavizan con una gama de grises que aporta sutilezas a quienes observan detenidamente. No hay dos obras de Salamone que sean más parecidas entre sí, ya sea un palacio municipal o un matadero, y al mismo tiempo, no podrían ser más diferentes.

El arquitecto italiano de meteórica carrera dejó en la provincia de Buenos Aires un legado de arquitectura audaz y provocativa. Aún hoy, resulta complicado distinguir entre sus características, que se entremezclan en las monumentales siluetas de palacios municipales, mataderos y entradas de cementerios.

A pesar de su extensa carrera, las obras más recordadas de Salamone se concentran en un período de cuatro años (entre 1936 y 1940), exclusivamente en la provincia de Buenos Aires. Representan un modernismo que debió parecer revolucionario en esas tierras aún no maduras en el siglo XX, emergiendo en pequeñas localidades muy distantes de la grandiosa Buenos Aires, ya famosa como capital de un vasto mundo.

Interpretaciones diversas y polémicas rodean estas edificaciones que algunos ven como futuristas, art déco o incluso brutalistas. Hay quienes les atribuyen inspiración peronista, fascista o estalinista. Podría interpretarse como una mezcla de Bauhaus, futurismo y art déco, o incluso como un ejemplo de disrupción, un término muy actual que se aplica retrospectivamente a estas obras.

No obstante, el debate sobre esta arquitectura tan única probablemente perdurará tanto como las llanuras conserven estos edificios, que suman alrededor de 60 y se encuentran repartidos en más de veinte municipios bonaerenses.

Redescubrimiento y Revalorización tras largos períodos de descuido por falta de recursos o interés, nuevas generaciones han comenzado a valorar estas obras, con el apoyo del turismo que las ha reivindicado. Recientemente, la pampa salamónica está recuperando su brillo y su orgullo, mediante la restauración y puesta en valor de estas estructuras.

Y así, los pueblos afortunados de haber sido marcados por el “rotring mágico” del distinguido arquitecto, como Pellegrini, Guaminí, Azul, Laprida, Saldungaray, entre otros, se están transformando en nacientes destinos turísticos y refugios de fin de semana. La extensa ruta salamónica, que abarca miles de kilómetros, es ardua de explorar completamente, pero es posible tomar atajos para enfocarse en algunas de sus construcciones más destacadas.

El Palacio Municipal de Pellegrini

Legado Arquitectónico en Buenos Aires

Francisco Salamone, notable por su contribución arquitectónica en la provincia de Buenos Aires durante la administración del político conservador Manuel Fresco, dejó un legado único.

Sus diseños, creados para ser adaptativos, combinan variados elementos manteniendo una estructura fundamental común. El palacio municipal en Pellegrini, ubicado en el extremo de la provincia cerca de La Pampa, se destaca como el más imponente de los edificios municipales de la región y el mejor preservado, gracias al esfuerzo de rescate liderado por Miriam Bonini y Joaquín Gastañaga.

La fachada del palacio refleja la modernidad de finales de los años 30, realzada por un minucioso trabajo de restauración finalizado el pasado julio. Su torre de 34 metros continúa dominando el paisaje, superando en altura al campanario vecino, reflejando la rivalidad entre Peppone y Don Camilo.

La renovación restauró también el diseño original del vestíbulo y las oficinas, conservando varios muebles auténticos que llevan la marca del arquitecto, así como la sala del Concejo Deliberante, el tesoro oculto del edificio. Destacan también el matadero de Salliqueló y Tres Lomas, junto con su plaza. En Pellegrini, junto a la Ruta 5, el Vagón de los Emprendedores ofrece productos locales, desde ropa hasta dulces y embutidos. Es imperdible el bife de chorizo en el Club Huracán, considerado uno de los mejores de la provincia.

El Portal del Cementerio de Saldungaray

Un Icono de la Arquitectura en Buenos Aires

Francesco Salamone, nacido en Sicilia en 1897 y emigrado a Argentina en su infancia, siguió la tradición familiar estudiando Arquitectura e Ingeniería Civil en Córdoba. A pesar de sus primeros proyectos en esa región, una de sus construcciones más impactantes se encuentra en Saldungaray, cerca de Sierra de la Ventana.

El portal del cementerio de Saldungaray impresiona con una enorme cruz en un círculo monumental de hormigón, creando la ilusión de oprimir la entrada al dominio de los muertos. La figura de un Cristo doliente intensifica el dramatismo de este juego de perspectivas. Aunque existen entradas más grandiosas en la obra de Salamone, como en Laprida y Azul, Saldungaray evoca una emoción particular, mezclando la delicadeza renacentista con el brutalismo.

El cementerio, junto con la Municipalidad de Saldungaray y su plaza, reflejan la estética de Salamone. Otro punto de interés es la réplica del Fortín Pavón, erigido sobre una posta histórica de la era de Rosas.

La Plaza de Alberti

Un Ícono del Estado y la Memoria

Las obras de Salamone estaban destinadas a impactar en la población, demostrando la omnipresencia del Estado incluso en las áreas más remotas de Buenos Aires. En lugares donde aún persistían los ecos del “desierto” y su conquista, sus estructuras transcendieron el simbolismo para convertirse en hitos del siglo XX. Alberti es testimonio de ello, con una configuración urbana que recuerda a las grandes metrópolis, integrada por la plaza, un monumento a la bandera y la municipalidad, siendo además un sitio donde se ha valorizado y preservado la arquitectura de Salamone.

El alcalde Germán Lago, conocido por su accesibilidad, a menudo recibe personalmente a los visitantes interesados en el legado de Salamone, que en esta localidad incluye la fachada de una escuela y la morgue del cementerio.

El Matadero de Carhué

Una Reliquia en el Paisaje Argentino

Independientemente de la distancia, Salamone se aseguró de que ningún rincón quedara fuera del influjo de La Plata y del gobernador Manuel Fresco. Se aventuró hasta Carhué, próxima a una laguna salina que más tarde albergaría uno de los balnearios más concurridos del país: Villa Epecuén, cuya historia es comparada con la leyenda de la Atlántida.

Las fluctuaciones del nivel del agua revelaron sus ruinas, transformando la catástrofe de 1985 en un destino de turismo oscuro. Mientras, Carhué mantuvo su atractivo termal y lo combinó con un recorrido que incluye un matadero, un crucifijo y el palacio municipal.

El matadero, sumergido durante años, resurge en un entorno casi místico, en el centro de un bosque que parece sacado de un cuento. Su aspecto sombrío se convierte en una imagen digna de ser fotografiada, especialmente en blanco y negro. Guaminí, cercano a la Laguna del Monte, también forma parte del patrimonio de Salamone, con su propio palacio municipal y matadero.

La Cruz de Laprida

Un Legado Turístico y Arquitectónico

Salamone, a más de 450 kilómetros al sur de Buenos Aires en Laprida, dejó una huella indeleble, sin saber que se convertiría en un pionero del turismo local. Allí, entre 1936 y 1937, diseñó y supervisó la edificación de un conjunto arquitectónico completo, que incluye un palacio municipal, un matadero, un depósito municipal, la entrada del cementerio y un edificio administrativo en San Jorge.

La torre del municipio, abierta al público, desafía a los visitantes a ascender 100 escalones hasta alcanzar una vista privilegiada a 40 metros de altura sobre la ciudad y las vastas pampas. Sin embargo, el elemento más emblemático es la cruz, una de las más altas del continente, a menudo comparada con el imponente Cristo del Corcovado en Río de Janeiro, aunque en realidad forma parte del portal del cementerio. Esta estructura se eleva a 33 metros, con un Cristo de 11 metros, obra de Santiago Chierico.

En Laprida se encuentra el Centro de Interpretación de Francisco Salamone, convirtiendo a esta localidad en un punto esencial para los entusiastas de su obra arquitectónica.

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