El lago Nahuel Huapi irradia un azul intenso, rodeado por la sombría majestuosidad del bosque andino y las imponentes cumbres de la cordillera. Esta conexión profunda con la naturaleza es lo que atrae a tantos a anhelar una vida en esta encantadora villa del sur, renacida de entre las cenizas.

Su núcleo urbano, compacto pero vibrante, rebosa de cafeterías, tiendas de chocolates y boutiques de indumentaria para la aventura al aire libre. Villa La Angostura se dispersa entre el bosque, se extiende hasta las orillas del lago Nahuel Huapi y se enorgullece de su posición destacada en el paisaje andino.

Su aire de distinción se percibe en la diversidad de acentos durante la temporada alta y en la dedicación de sus habitantes por conservar la singular belleza natural que la define.

Entre dos lagos

Conocido como “el río más corto del mundo”, el Correntoso ofrece una postal inolvidable desde el puente de la ruta 40. Aquí, el río fluye desde el lago Correntoso, deslizándose velozmente hacia el extenso Nahuel Huapi, enmarcado por un panorama de islas, penínsulas y montañas.

El acceso es por un sendero de ripio desde el Nahuel Huapi, llevando primero al Paso de Pescadores, donde un sendero se adentra en la playa a través del bosque.

Un banco invita a pausar y escuchar las historias que murmura el río, donde la pesca se entremezcla con el sueño de algunos visitantes de radicarse aquí, sumergiéndose en los atardeceres idílicos. Escondidos entre arrayanes, pequeños senderos llevan hasta el río, mereciendo la exploración.

Cruzando bajo el gran puente, se encuentran puntos de observación y otro puente peatonal, que conduce a un paseo adoquinado junto al Correntoso, desembocando en una tranquila bahía con playa de arena.

El verano en la cumbre

El camino serpenteante hacia la base del Cerro Bayo, adornado de miradores, ofrece vistas cautivadoras del Nahuel Huapi. Aquí, las actividades de trekking y ciclismo permiten disfrutar de vistas panorámicas desde la cumbre. Popular entre los visitantes, el cerro atrae a muchos con sus senderos entre la flora local.

Desde cualquier punto de esta área, las vistas del Nahuel Huapi son un regalo para la vista, creando un ambiente donde es fácil sentirse parte de la naturaleza. A pesar del viento, el cielo suele estar despejado, y el ascenso al cerro (1.782 m) a través de la telesilla principal ofrece un paseo encantador entre la flora local.

El recorrido comienza en el Parador Altitud, bordea la Pista 18 y continúa descendiendo por las pistas T-Bar y Lagos, ofreciendo las primeras panorámicas del lago, incluyendo los sectores Última Esperanza, Rincón, Machete y Huemul.

Al cabo de 20 minutos, se alcanza un mirador que revela la vista de la zona urbana, destacando la Isla Menéndez, la Península de Quetrihue, el área del Llao Llao y el Cerro Catedral, todo esto enmarcado por el imponente Tronador cubierto de nieve.

La ruta continúa ascendiendo por un sendero angosto y rocoso hasta llegar a un segundo punto de vista que añade a la escena la Huella Andina, una ruta hacia Traful.

Este camino, caracterizado por su terreno abrupto y una inclinación pronunciada, conduce a un tercer mirador que ofrece vistas completas en 360 grados, incluyendo el volcán Lanín y las tres bahías: Las Balsas, Manzano y Cumelén. La subida de 287 metros resulta ser gratificante al contemplar un entorno natural sin igual, destinado a dejar una huella perdurable.

Dos bahías

En la zona central, la bulliciosa avenida Arrayanes se transforma en un camino pavimentado que se dirige hacia el futuro espacio protegido Laguna Calafate, donde se pueden observar algunas de las 13 especies de aves acuáticas locales. El área cuenta con senderos acondicionados para el descanso y un observatorio con información detallada.

Tras descender por una curva pronunciada, se encuentra el Paseo Artesanal, un espacio que ofrece una amplia variedad de artesanías, incluyendo joyería tradicional, cuadros temáticos, joyas de plata, mandalas intrincados, tejidos variados y piezas de vidrio. Hay disponibles diversas opciones culinarias y áreas de descanso al aire libre, ideales para disfrutar del buen clima.

El istmo de Quetrihue no solo sirve como punto de partida para caminatas y paseos en bicicleta, sino que también separa las dos bahías más concurridas de la zona, Brava y Mansa, desde donde zarpan catamaranes hacia el Bosque de Arrayanes.

La bahía Mansa es conocida por su puerto de veleros, playas de arena gris y su famoso muelle cubierto, perfecto para fotografías panorámicas. Además, ofrece la posibilidad de recorrer en kayak y caminar por el boulevard Nahuel Huapi, flanqueado por pinos y araucarias, hasta llegar al puerto de la Brava, una playa más extensa y a veces ventosa, ideal para el veraneo con sus aguas de tonos verde-azulados.

Navegación, mitos y bosques

En cuanto a la navegación y las leyendas locales, el catamarán Bandurria, un modelo semicubierto con capacidad para once pasajeros, recorre el Brazo Última Esperanza, región nombrada por aquellos que buscaban una ruta hacia Chile. Durante el trayecto, se pasa por la mansión Inalco, lugar que se rumorea fue refugio de Adolf Hitler después de la Segunda Guerra Mundial.

Esta casa, diseñada por Alejandro Bustillo, está desocupada y cuenta con tres chimeneas y 16 grandes ventanas. La teoría, originada de conversaciones de un periodista local con personas que supuestamente trabajaron para Hitler, sugiere que él o algún otro alto mando alemán habitó la propiedad en algún momento entre los años 40 y 50, según especula el capitán del barco.

El Bandurria se aleja y la mansión queda atrás. Al adentrarse en el Brazo Rincón, las aguas se tranquilizan y las siluetas del Cerro Tres Hermanas se perfilan en el horizonte. Es aquí donde se sitúa el camping “Florencia”, de Juan Carlos Martínez, un antiguo productor de ganado que se volcó al sector turístico tras la erupción del volcán Puyehue en 2011.

En 2015, Juan Carlos adaptó su terreno para el turismo, estableciendo un camping sencillo pero encantador. “Es un placer vivir aquí”, comenta mientras conduce por un sendero rodeado de radales y coihues, creando un efecto de luces y sombras fascinante. Rodeado de zorros, liebres, jabalíes y huillines, Juan Carlos afirma que jamás podría trabajar en la ciudad. Expresa su gratitud por la vida que lleva en este lugar, especialmente al atardecer, cuando regresa al punto de inicio.

Siete lagos y una cascada

La sección de la Ruta 40 que conduce al desvío hacia Traful está salpicada de miradores que atraen a ciclistas y conductores para capturar las icónicas fotografías de la Patagonia.

La carretera, bien pavimentada y señalizada, revela su esplendor en el descenso hacia el Lago Espejo, pasando por la cautivadora Laguna Ceferino, el esquivo Espejo Chico y los reflejantes aguas de la Laguna Bailey Willis, mostrando la abundancia natural de la región.

El sendero hacia la cascada Ñivinco comienza 17 km después del desvío y se extiende por un trayecto de dificultad media, requiriendo aproximadamente dos horas para completar ida y vuelta.

El camino inicia en una tranquila trocha, acompañada por el sonido de los pájaros y el cruce de un arroyo por troncos delgados. Es el territorio del pato de los torrentes, cuya reproducción ocurre en primavera y verano, y donde se solicita no perturbarlos.

La ruta continúa hasta otro cruce señalizado que guía el camino a través del bosque húmedo, y las sonrisas de quienes regresan presagian lo que está por venir. El último tramo se enreda en una subida por entre bambúes de tres metros de altura.

Tras descender una escalinata, la cascada se revela en toda su magnitud, con una caída de agua imponente, muros de piedra musgosos y pozas de un verde intenso. Acercarse permite apreciar los distintos juegos del agua, desde el goteo hasta la bruma refrescante. Un puente de madera invita a disfrutar de un picnic, juegos infantiles y más fotografías memorables.

La aventura no termina aquí. Aunque en ocasiones el sendero puede estar cerrado, se extiende aún más, desembocando en un tramo donde tres cascadas adicionales se despliegan, capturando la atención en un punto de fuga mágico e irresistible.

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