Como en cualquier ámbito de la actividad humana, la ciencia no es ajena a la difusión de mitos y creencias populares que, con el tiempo, han cautivado la imaginación colectiva y se han mantenido vigentes en la conciencia pública.

Nuestro mundo está repleto de enigmas y relatos legendarios que han resistido el paso del tiempo. Estos relatos se han enraizado tan profundamente en nuestro acervo cultural que frecuentemente los aceptamos como verdades irrefutables.

Las narrativas populares, que han sido transmitidas de generación en generación, suelen entrelazarse con la realidad.

Aunque comúnmente se asocian con historias de terror o fenómenos paranormales, incluso la esfera científica no ha escapado de estos relatos que parecen contradecir la lógica y la evidencia científica.

El Mito del 10% Cerebral

El extendido mito de que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro es uno de los malentendidos más populares sobre la neurociencia. Esta creencia errónea implica que el 90% restante de nuestro cerebro permanece inactivo, lo cual es contrario a lo que las investigaciones científicas han demostrado.

En realidad, la actividad cerebral es mucho más compleja y dinámica. Aunque no todas las áreas del cerebro se activan simultáneamente, cada una tiene una función específica y puede activarse según la tarea que estemos realizando.

La resonancia magnética funcional (fMRI) y otros métodos de imagen han confirmado que incluso durante el sueño, muchas partes del cerebro muestran actividad.

Este mito a menudo se ha utilizado en la cultura popular para sugerir que podríamos desbloquear habilidades sobrehumanas si aprendiéramos a utilizar ese 90% “inactivo”, una idea que, aunque atractiva, no tiene base en la realidad científica.

La Gran Muralla: Un Hit de la Visibilidad Espacial

Circula el dicho de que la Gran Muralla China es la única construcción humana que puede ser vista desde el espacio, citada a menudo como un ejemplo sobresaliente de los logros monumentales de la humanidad. Sin embargo, esta afirmación es más ficción que hecho.

Astronautas que han orbitado la Tierra, como los que se encuentran en la Estación Espacial Internacional, han confirmado que la Gran Muralla no es visible a simple vista.

Su ancho relativamente delgado y su integración con el entorno natural la hacen indistinguible desde el espacio sin el auxilio de equipos de amplificación visual.

Las imágenes capturadas por la NASA desde el Transbordador Espacial muestran estructuras como aeropuertos y autopistas, pero la Gran Muralla no destaca entre ellas. “Es debido a que se construyó con materiales que se confunden con el suelo circundante”, apuntó el astronauta Jay Apt.

Este mito tiene sus raíces en la década de 1930 y fue popularizado por el caricaturista LeRoy Robert Ripley, quien en su serie “Ripley’s Believe It or Not!” proclamó que la muralla era “la única estructura humana visible desde la Luna”.

Crecimiento Postmortem de Uñas y Cabello

El crecimiento del cabello y las uñas después de la muerte es otro mito común que tiene una explicación simple y menos misteriosa. Lo que realmente ocurre es una ilusión óptica causada por la deshidratación del cuerpo después de la muerte.

A medida que la piel se retrae y se seca, expone más de la uña y la base del cabello, creando la apariencia de que han crecido.

Sin embargo, el crecimiento de uñas y cabello depende de procesos biológicos que se detienen después de la muerte, lo que significa que este crecimiento postmortem es físicamente imposible.

Este fenómeno es bien conocido en la industria funeraria, donde se emplean técnicas para manejar estos cambios visuales en la preparación del cuerpo.

La Cara de Marte

La “cara” vista en fotografías de Marte tomadas en 1976 es un ejemplo de pareidolia, donde nuestra mente interpreta patrones reconocibles en formas aleatorias. Imágenes más recientes han mostrado que se trata simplemente de una formación rocosa natural.

El Remolino del Desagüe y la Fuerza de Coriolis

El remolino que se forma al drenar el agua de una bañera o un lavabo a menudo se asocia erróneamente con la fuerza de Coriolis, un efecto que en realidad solo se aplica a escalas mucho mayores, como en patrones climáticos o corrientes oceánicas.

La fuerza de Coriolis es una consecuencia de la rotación de la Tierra y afecta el movimiento de los objetos sobre una gran distancia y durante períodos de tiempo prolongados.

En el caso del agua en un desagüe, son factores como la forma del recipiente y las corrientes internas del agua los que determinan la dirección del remolino.

Experimentos han demostrado que no existe una dirección preferente para el giro del agua en estos casos, y cualquier variación es el resultado de condiciones iniciales específicas del líquido y su contenedor, no de la fuerza de Coriolis.

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