Club Vertiz
Por Agustina Carranza Guido y Spano

Hace ochenta años, en 1937, nacía un club de barrio a partir de una pequeña canchita de futbol, un tinglado y una parrilla para hacer choripán. Estos fueron los inicios de club Vértiz, cuenta Gabriel Campana, su actual presidente.

Hoy ofrecen diversas actividades, algunas permanentes y otras van variando. Entre las primeras, que están muy identificadas con el club, se encuentran vóley y yoga. También una disciplina con espadas: jo jutsu, Wing Chun, taekwondo, talleres para la tercera edad, elongación, taller para chicos y centro de jubilados. Con respecto a las segundas, en este momento, por ejemplo, están ofreciendo danza en línea, un baile de origen americano, dirigido a gente de todas las edades, en que los bailarines se mantienen alineados en relación a los otros, y todos hacen los mismos movimientos individualmente. Hay un taller de bioenergía, van a llevar otro de teatro y expresión corporal para chicos y hace poco hubo otro de terapéutica. Además, están llevando el juego Burako, para la media tarde.

Esta variedad de actividades son ofrecidas con la intención de proporcionar y fomentar opciones que no sean las obvias, poder darle a la gente del barrio algo distinto.

Dirigido a los niños se ofrece la iniciación deportiva, que consta de mostrarles diferentes etapas del deporte, del conocimiento de cada uno a todo nivel y lo que implica juntar un grupo y lograr cierta pertenencia. Tenemos un profe de educación física, Hernán, que junta a los nenes de diferentes edades dos veces por semana –señala Gabriel- y les da de todo. La idea –agrega- es que jueguen y se diviertan, que es lo más importantes. Hacen misiones, haciendo actividades con conos, cintas y demás. Se trata de que los chicos empiecen a tener ciertas destrezas y que toda la motricidad fina que vienen desarrollando desde chiquitos se agudice. Gabriel lleva a sus hijos de 3 y 5 años a este taller y, señala, les fascina. Le gusta mucho que ellos participen, pues, enfatiza, fomenta un poco el sentido de pertenencia, lo que es cuidar del otro, a veces depender del otro y enseña el valor de trabajar en equipo

Además, en el club Vértiz se entrena ping pong, como deporte, no como pasatiempo, por lo cual no hay pases por hora. También tienen alquiler de canchas de fútbol, un salón para todo tipo de eventos y un Bufet. Este es atendido en todos los horarios, pero, señala Gabriel, trabaja más fuerte al mediodía y tiene delivery. De la misma manera que con las actividades, tratan de que las alternativas sean varias, salir un poco de lo típico, por lo que tienen menúes diversos, vegetarianos y veganos.

Gabriel recuerda que cuando él era chico, cuando el padre de su madre formaba parte de la comisión directiva, se jugaba mucho al Sapo, era el deporte nacional del club. Allí también aprendió a jugar al truco, actividad que él recuerda como una de las más representativas, pues siempre, indica, van a resonar en sus oídos los gritos, sobre todo los de su abuelo, teniendo discusiones sobre política mientras jugaban, como en las elecciones de 1983, con la vuelta de la democracia. Y lo asocia con la famosa grieta actual, que ya existía, entre peronistas y radicales, por lo que los porotos con los que se anotaban los puntos del truco volaban para todos lados. Rememora una vez en la cual uno de los muchachos, en una discusión muy acalorada, le pegó una piña a una ventana y se rompió la mano. No lo digo como algo gracioso, -señala Gabriel- sino como algo que me quedó grabado por la vehemencia que le ponía la gente… lo mismo que pasa hoy. Antes eran radicales y peronistas. Ahora, son a favor y anti de algo. Antes defendían ideas claras de uno u otro lado

Comuna 15
Gabriel y Alfredo Raimundo, de la Junta Comunal 15.

Sobre los recuerdos del club, Gabriel también señala: Tuve el honor de casarme donde crecí. Hicimos una fiesta y cuando entré acá con mi mujer, me veía entrar de chiquito a jugar al pool. Lo mismo cuando los veo a mis hijos jugar acá, me veo a mí corriendo, jugando al sapo, al futbol.

A Gabriel este trabajo, el dirigencial, gestionar a nivel social, para el barrio, siempre le gustó. Trabajó durante casi veinte años junto a su papá hasta el año pasado, en que empezó a hacerlo solo, luego del fallecimiento de él. Y el impacto de ello, señala, no es menor en él y su gestión. Cada toma de decisión, a veces implica pensar qué hubiera dicho su papá. Porque más allá de la deferencia generacional, -indica- teníamos muchos puntos en común. Tuvimos la suerte de que en los premios Jorge Newbery, en diciembre del año pasado, nos entregaron una placa por mi papá, conmemorativa. El premio fue a la trayectoria, a la labor. Papá siempre fue muy querido dentro del ambiente de clubes de barrio, en la secretaría de deportes. Para mí fue un orgullo y un placer que lo hayan reconocido porque realmente gestionó e hizo.

Agustina Carranza Guido y Spano
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