Por Agustina Carranza Guido y Spano

El escultor Enrique Savio cuenta el largo aplazamiento de un monumento a la memoria de Perón impulsado hace  más de treinta años.

“¿Vas a trabajar, a estudiar o a jugar a la pelota?”, le preguntó a Enrique su papá. “Y… voy a jugar a la pelota” le respondió él. “Todavía me está corriendo. Me quiso matar.” comenta hoy el escultor, muchos años después, recordando el primerísimo principio de su larga carrera artística. Su madre, que era maestra, dijo que no, que él iba a estudiar “’¿Y qué va a estudiar? Y que estudie dibujo’, dijo mi vieja. Era una genia, siempre me apoyó”, indica Savio.

De hecho fue ella también quien lo indujo a aprender dibujo. Como el niño era bastante enfermizo pero muy travieso e inquieto, ella le insistía para que dibujara. Y ahora que no es más un niño, con 70 años, sigue con muchas inquietudes.

Una de ellas, es el monumento nacional a la memoria de Perón. Se trata de una iniciativa impulsada por Antonio Cafiero y hecha Ley Nacional (Nº 23.452, artículo 1º) por Alfonsín en el año 1986. En aquél momento el ex presidente le señaló al escultor, –“con total buen criterio”, señala este último- que los fondos, no eran de él, sino de todos los argentinos y que transitaban por una democracia aún muy frágil, por lo cual no podía poner los fondos para hacer el monumento a Perón, pero que si ellos se comprometían a juntar los fondos, él firmaba la ley. Y así lo hizo.

Sin embargo, tardaron más de 30 años en hacer el concurso. La primera vez que se hizo un intento, fue en la década del 90, con Menem, pero aquél concurso se declaró desierto.

Varios años después, Eduardo Duhalde puso el monumento en circuito administrativo, lo cual si bien en apariencia no implicó un gran avance, realmente lo fue, ya que una vez en el circuito, “Se puede dilatar pero no se puede frenar”, indica Enrique.

Así fue como finalmente, en el año 2007, durante la presidencia de Néstor Kirchner, se hizo el concurso convocado por la Secretaría de Cultura, ganando el proyecto el primer premio. El fin de erigir este monumento, es el de reconocer el protagonismo de Perón “como militar, político y estadista orientado a la afirmación de la soberanía de la Nación Argentina y a la protección de los intereses de la clase trabajadora”.Perón

Sin embargo, el monumento continuó sin hacerse. Señala Savio que desde la secretaría de cultura  no se hizo ninguna gestión para difundir el monumento, hasta que en 2009 asumió Jorge Coscia: “Coscia nos recibe a los dos días de haber asumido. No nos pedaleó”. Entre risas, sigue comentando el episodio. Señala que el secretario de cultura indicó que el proyecto le venía muy bien para el festejo del bicentenario: “Se arma un programa de trabajo impresionante, donde la secretaría de cultura iba a poner la mitad de la pauta publicitaria en función de la difusión del monumento de Perón”. Pero cuando Coscia levanta la propuesta para pedirle permiso a Cristina Fernández, indica el artista, ella “decapitó políticamente a Coscia, no le atendió más el teléfono”.

En opinión de Savio, la razón por la cual Fernández no solo no accedió a utilizar la escultura en el festejo del bicentenario sino que además, a partir de allí, comenzó a poner trabas al secretario de cultura, se debe a que ella, a diferencia de él, no es verdaderamente peronista.

Además, señala que se planea que la escultura vaya frente al Centro Cultural Kirchner y, según el artista, dado que Fernández no es peronista, no tiene interés en tal monumento y menos que esté en aquel lugar.

Desde su punto de vista, tanto Menem como Fernández, utilizaron el peronismo para llegar a la gente: “el corazón de una gran cantidad de gente es peronista. Se aprovechan de esta inocencia del pueblo, porque los peronistas somos buena gente y somos crédulos, nos engrupen fácilmente. Y encima te imprimen un sello de fanatismo en algo que no se corresponde con lo que es realmente la esencia del peronismo.”

Savio se considera un “peronista histórico”. Militó desde muy chico, cuando tenía alrededor de 15 años, en el barrio donde actualmente vive, La Paternal, en lo primero que se abría como movimiento de la juventud peronista: “En aquel momento se llamaba Tacuara”. Entre risas recuerda aquellos días y señala que cuando empezó a defender la lucha armada no entendía nada. Un día su padre, enterado de sus actividades políticas, le pegó un sopapo y le dijo: “’vos sos un estúpido, esos son delincuentes, no son revolucionarios, tienen que ir todos presos. Si me entero que volves a hacer algo con ellos te muelo a palos’ y así entendí de qué se trataba.” Perón, indica Salvo, decía “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada” y eso fue lo que lo salvó en los años 70: “Porque todos mis compañeros que siguieron por ese camino que habíamos empezado en los 60, no están. Han desaparecido. Para nosotros fue muy duro.”

Y ver cómo se destruyeron los valores del peronismo –indica luego- fue peor aún. Pero mucho peor para su concepción del peronismo, fue esta última era, “con estos muchachos K, que pensaban que reinventaban el peronismo e hicieron una mueca grosera de él, que si Perón estuviese vivo, les hubiese dado un buen sopapo, como hizo mi viejo conmigo”.

A partir del concurso del año 2007, es cuando pudo haberse comenzado a recaudar los fondos para la estatua, que tendrá unos 2,6 metros de altura. Señala Savio que en el último período intentó ser escuchado por el actual Ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto y volvió a insistir a través del instituto de estudios históricos, que fue el que organizo el concurso, pero ambos intentos fueron infructuosos. Sin embargo, hace aproximadamente dos meses existe la cuenta bancaria, que fue mandada a hacer por el director de finanzas, a quien Savio le agradeció “muchísimo porque en una semana me contestó”.

Comentando su posición sobre el monumento y de quién se hace memoria por medio de él, cuenta una anécdota que considera “muy interesante y poco conocida”. Siendo Perón militar, debía reprimir una huelga de obreros en la Patagonia que estaban atrincherados, con armas, hacía más de 20 días, esperando el enfrentamiento armado con militares. Perón se acercó a los huelguistas, indica Savio: “había de todo: anarquista, socialistas, comunistas. Estaba la pesada de la pesada”.

Enrique cuenta que Perón se bajó del caballo, se sacó las armas, se las dio al suboficial y fue caminado a la trinchera a negociar. Cuando los huelguistas ven que un militar se acerca solo, caminando y sin armas, se desconciertan absolutamente: “Entonces, Perón, con su pañuelito blanco [ríe] dice: ‘a ver muchachos, qué es lo que pasa’. Él era un tipo muy especial, muy corajudo.” Los obreros le hacen diez peticiones para la patronal, de las cuales Perón les consigue nueve. Y ellos levantan la huelga.

Siendo capitán, –indica el escultor- le tocó reprimir manifestaciones. Pero se daba cuenta de cuáles eran las condiciones de trabajo de los obreros. “Perón era de la parte del ejército que no era la represora, la fusiladora. Esto no es la institución militar. Como no lo es la policía, que puede ser corrupta, pero eso no representa a la institución, eso son las personas”.

Señala, además, que aquello se debe a que en la Argentina hay una mentalidad corporativa. Los buenos no hablan y los malos se cubren entre ellos y copan la institución y la destruyen: “te quedas sin soporte, no tenés sobre dónde fundar nada, mucho menos el futuro. Las instituciones tienen que ser firmes, sólidas, y no corruptas. Esto es lo que hay que tratar de lograr”.

Agustina Carranza Guido y Spano
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