Facundo Pechervsky.

La Avenida del icónico barrio porteño ya tiene su libro.

Está en el límite entre Paternal y Villa Crespo. Se dice es el mayor centro de repuestos y autopartes del mundo. Allí se pueden encontrar versiones originales y copias, artículos nuevos, usados, nacionales e importados y a precios muy variados. En apenas diez cuadras (y sus ramificaciones), la avenida Warnes ofrece todo lo que a uno se le pueda ocurrir para el equipamiento de un auto. Pero esa es apenas una descripción fría y desmotivada del polo de los repuestos.

Para los fanáticos de los autos, ir a Warnes es como ir al shopping. Es más, “para un tuerca, ir a Warnes es como ir a Disney“, asegura con toda pasión Facundo Pechervsky, fotógrafo que acaba de publicar un libro en el que, a lo largo de varios años, retrató a la comunidad de vendedores de repuestos más grande del mundo. Comunidad de la que es parte su propio padre, de la que fue su abuelo e incluso él mismo, antes de tomar otro rumbo y dedicarse a la fotografía.

La primera toma de la serie fue una fotografía de su padre sosteniendo el retrato del abuelo. Después lo invitó a que eligiera una pieza de su negocio y ahí se disparó la inquietud que lo llevó a completar este ensayo fotográfico, donde impactan las miradas directas a cámara. “Quizá sean una suerte de espejo para mí, porque la producción del libro fue un acto reflexivo muy intenso“, describe. El blanco y negro el libro logra capturar el peso de cada personaje y transmitir la atmósfera de los momentos más cotidianos de la avenida Warnes. Durante más de dos años, Pechervsky sacó más de 300 retratos a toda la gama de personajes que caracterizan este rincón de la ciudad. El libro fue presentado  en Margen del Mundo, Concepción Arenal 4865. Se trata de un libro de autor, más aportes de algunos locales de la avenida más fierrera de la ciudad.

-¿Cómo nació la idea de retratar ese mundo tan particular, con reglas propias, que es Warnes?

-La idea nació en un taller de fotografía terapéutica al que fui como invitado. La profesora pidió como trabajo práctico que hiciéramos un retrato a algún familiar o de la persona con quien tuviéramos el vínculo de confianza más cercano y yo elegí a mi padre. Fui a visitarlo a su local y lo invite a que posara sosteniendo una foto de mi abuelo, fallecido hace unos 12 años. Tomé el retrato de una manera muy simple, con mi cámara en modo automático, pero en seguida vi que algo bueno pasaba en la toma y entonces le propuse que eligiera el repuesto más representativo para él, de todo su local, y volví a fotografiarlo. Allí mismo le pedí que me pasara el contacto de sus amigos en la zona y me contactó con unas diez personas.

-¿Qué pasó a partir de entonces?

-Fui a visitarlos y contarles el proyecto que ya tenía en mente: trabajar en un ensayo fotográfico sobre los comerciantes de la zona de Warnes. Entonces seguí como había hecho con mi padre. A cada uno lo invitaba a posar con algún repuesto de su negocio y, además, les fui pidiendo que me presenten más amigos… hasta que llegue a la Asociación de Comerciantes y Amigos de Warnes, que me ha apoyado mucho en este proyecto.

-¿Cuánto tiempo te llevó este trabajo?

-Comencé hace tres años el ensayo que, en un primer momento, tomo la forma de una muestra fotográfica que aún hoy sigue expuesta en la plazoleta de Warnes y avenida Honorio Pueyrredón. A medida que organizaba mi archivo, de unos 230 comerciantes retratados, fui visualizando que podía convertirse en un libro, pero no tenía una idea certera de cómo empezar. Por suerte recibí la colaboración de mucha gente, en especial Mariana Poggio, que es la diseñadora y que con su arte hizo realidad este sueño. Una vez que tuvimos definido el diseño, decidí hacer un fotolibro de prueba y se lo enseñé a algunos comerciantes de Warnes, que reaccionaron con mucha emoción y, en algunos casos, decidieron participar del proyecto con un aporte económico. Gracias a “Cacho”, que vende suspensión; “Toto”, el de las direcciones hidráulicas; “El Bocha” de Nogoya; “El Negro”; “El Tano”; “El Ruso”, “El Polaco”; “El Gallego” y muchos otros, pude convertir el ensayo en un libro soñado.

-¿Cómo se cruzó tu historia familiar en el medio?

Warnes Auto-Retratos narra de alguna manera el lado más humano, sensible y menos conocido de esta zona comercial. La zona de Warnes es parte de mi familia: a los 16 años trabaje en el negocio junto a mi abuelo, sus hermanos y mi papá, pero al poco tiempo sentí que los embragues y los frenos no eran lo mío. La antorcha generacional me tocaba a mí y no la agarre, seguramente porque en ese momento de mi vida, siendo un adolescente, no tenía idea del significado de la palabra “legado”. Mis hermanos y primos también pasaron por Embragues Nogoya pero finalmente cada uno de nosotros siguió su propio camino profesional en otras áreas.

-Para alguien tuerca, ¿qué significa pasar aunque sea cerca de Warnes?

-Para un tuerca es como ir a Disney, mientras que, para un mecánico, es como ir al supermercado a diario. Warnes es “la Meca”, si el repuesto que buscas no está por la zona, va a ser difícil que lo puedas conseguir.

-¿Cómo definís a la comunidad de los clientes y los vendedores de repuestos y autopartes? Tuviste la posibilidad de vivir en otras partes del mundo. ¿Encontrarse algún lugar similar o equivalente a Warnes?

-Conforman el mayor centro comercial que provee de repuestos a cientos de talleres mecánicos, chapistas y concesionarios oficiales. Es cierto, viví durante 15 años en Europa y no conocí ningún lugar como Warnes. Los protagonistas de este libro forman parte del centro autopartista más importante del mundo.

¿Qué significó para vos, como fotógrafo ponerte del otro lado del lente y retratar tu propia historia?

-Caminar por la Av. Warnes logró remontarme al pasado, me obligó como fotógrafo a devolverle una mirada fresca, renovada y profundamente emocional a la comunidad. La fotografía abrió las puertas al reencuentro con cientos de comerciantes, generando los puentes para que pudiera transmitir mi historia a través de la de ellos. Gracias a Warnes Auto-Retratos comprendí de dónde vengo y, también, hacia dónde quiero ir. Entendí que a las historias no se las crea, sino que se las descubre, otorgándoles un nuevo significado. Y terminé comprendiendo que no puedo sacar una foto que, de alguna curiosa manera, ya no fueran parte de mi. Sólo faltaba hacer click.

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Lic. Mariano Crescentini
Licenciado en Relaciones Públicas, fundador y director de Retórica Relaciones Públicas, agencia de comunicación y marketing digital. Docente universitario para la carrera de Relaciones Públicas y Publicidad.
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