por Leandro Marascio

La hora de entrada y salida de las escuelas provoca caos vehicular con discusiones, embotellamientos y problemas de seguridad para los estudiantes; proponen prácticas para mejorar la convivencia en las calles.

A la hora de la entrada y la salida de las escuelas, es común que los vehículos se detengan en doble fila generando un caos vehicular. El resto de los automovilistas que apenas pueden avanzar se hacen oír a los bocinazos, mientras los peatones hacen peripecias para caminar entre obstáculos y rodados parados en lugares prohibidos.

La imagen es la misma en cada punto de la ciudad donde se agrupan varias instituciones educativas. Se repite a la mañana y a la tarde, en pleno horario pico escolar. Es un problema de vieja data en el que quedan expuestas la falta de lugares para estacionar en la vía pública, la preocupación de los padres porque sus hijos ingresen en las escuelas y el incremento del parque vehicular.

Para resolver o atenuar estos incidentes cotidianos, el Gobierno porteño incluyó en el plan de seguridad vial que los entornos de las escuelas sean más seguros y organizados. Para ello, la Subsecretaría de Transporte comenzó a presentarles a los directores el proyecto Sube y Baja, que a través de sugerencias y prácticas de convivencia, promueve el ordenamiento del tránsito en la entrada y la salida de los colegios en las zonas con mayor flujo vehicular.

La puesta en práctica del plan quedará supeditada a las necesidades de cada colegio y estimaron que para septiembre próximo 20 escuelas, la mayoría ubicadas en los barrios de Palermo, Belgrano y Caballito, se sumarán al proyecto. Se propone, por ejemplo, determinar un área exclusiva para la detención de automóviles y otra para el transporte escolar, cuya autorización debe ser avalada por la Dirección de Tránsito ya que este espacio no debe entorpecer la circulación.

También se podrían establecer horarios distintos, con diferencia de 10 a 20 minutos, para la llegada o la salida de los alumnos según el medio de transporte con el que asistan a clase, y en forma proporcional, según la prioridad que tenga cada uno. Otra posibilidad es la selección de un acceso diferenciado para los estudiantes que concurran al colegio a pie y/o en bicicleta.

El Colegio Pestalozzi, ubicado en Belgrano R, es una de las instituciones pioneras en llevar adelante esta idea. La iniciativa funciona en esta escuela desde 2010, cuando los padres de los estudiantes que asisten a los tres niveles de la institución se mostraron preocupados por la seguridad de sus hijos y por la convivencia con los vecinos, contó Agustín Raffo, miembro de la comisión directiva.

“Colabore. Carril exclusivo acceso de alumnos”, dice el letrero de una de las entradas al Pestalozzi. En la vereda del colegio, a lo largo de 70 metros, no hay vehículos estacionados y el espacio está delimitado con conos.

Son las 7.40 hs y a cada minuto más personas intentan llegar al colegio. Los automovilistas que llevan a sus hijos saben qué hacer: toman la dársena especial. Unos cinco padres voluntarios los esperan para abrir la puerta del rodado y que así descienda el chico. El objetivo es que el auto permanezca detenido el menor tiempo posible; los conductores no se bajan del rodado. Los chicos deben tener sus mochilas a mano y no en el baúl para agilizar el trámite. “Antes, era muy peligroso el cruce de los chicos porque tenían que pasar entre autos estacionados en doble fila. Este sistema es muy ágil”, afirmó la madre de un alumno del Pestalozzi.

“Entendemos la importancia de esta iniciativa, ya que el barrio posee una alta densidad de entidades educativas y los focos de problemas se multiplican”, destacó Sergio Mur, de la Sociedad de Fomento Belgrano R.

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